Una librería con magia (Spanish Edition)

Un homenaje a las librerías, ese lugar mágico donde cada uno encuentra su historia.

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Julia se le acercó fascinada. Cruzaron un pequeño puente al ultimate del cual una escalera subía hacia el casco antiguo de los angeles ciudad. Justo en el momento en que Julia le dio alcance, una fuerte ráfaga de viento se llevó el paraguas de los angeles mujer. Al intentar sujetarlo, los angeles desconocida perdió el bolso. Con un solo y ágil movimiento soltó el paraguas, que se balanceaba al viento, recogió el bolso y siguió caminando a paso rápido. Julia vio que el paraguas ascendía hacia cielo y luego caía aleteando al río, y se le pasó por los angeles cabeza que parecía una mariposa a punto de ahogarse.

No sé si podré hacerlo sin consultar con l. a. dirección… –Los dos sabemos que no solo puede, sino que debe hacerlo –afirmó Valerie, y se inclinó sobre l. a. mesa–. Y ahora veamos las deudas. –¿Deudas? –¿A cuánto ascienden las deudas que en este momento tiene Ringelnatz & Co. con su entidad? –¡Oh! –El asesor bancario amagó una sonrisa que outcomeó un tanto falsa–. Bueno, se va a llevar una alegría porque no tiene deudas. Si prescindimos del saldo negativo del último extracto de los angeles cuenta. –Se colocó bien las gafas, miró el extracto de los angeles cuenta como quien contempla un edicto imperial y luego dijo–: Cinco euros con dieciocho.

No es necesario, gracias –respondió el chico en un tono un poco repipi–. Solo quiero echar un vistazo. –Muy bien. Si me necesitas, estoy en el despacho –dijo ella, y señaló los peldaños que llevaban a él. Luego se puso a hacer algo de contabilidad. Con el rabillo del ojo vio al chico examinar los lomos de los libros. –Los libros infantiles están junto a l. a. puerta, a l. a. izquierda –añadió. –¡Ah! –se restrictó a decir él, pero sin prestarle atención. A cambio, sacó a E. T. A. Hoffmann y lo hojeó un poco; luego, unos relatos de Hemingway, después El extranjero, de Camus… Cada uno de los libros que elegía lo examinaba minuciosamente.

Imaginó que en una granja quizá se pudiera pasar sin ordenador; tal vez también en una frutería, donde al fin y al cabo únicamente se ofrece un par de docenas de artículos diferentes, que además son perecederos y fáciles de recordar porque solo se vende hasta última hora de los angeles tarde lo que se ha comprado esa misma mañana en el mercado. Pero los libros… Suelen ser miles… �Qué digo? Millones de libros diferentes que a menudo llevan semanas y meses o incluso años en l. a. tienda hasta que al fin se venden.

Tal vez todo hubiera salido realmente de otra manera si no hubiera aparecido de repente ante ella, como salido de los angeles nada, un hombre joven que llevaba un abrigo de entretiempo, aunque un poco pasado de moda, por cuyo bolsillo asomaba con curiosidad l. a. cabecera del Frankfurter Allgemeine Zeitung, una camisa algo arrugada con las gafas guardadas en el bolsillo more suitable, y unos zapatos italianos que quizá no estuvieran muy nuevos, pero sí muy bien cuidados. –Ya tiene su propio ejemplar –dijo el hombre, señalando el libro que Valerie sostenía entre las manos–.

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