El Aleph

By Jorge Luis Borges

“Uno de los artistas contemporáneos más memorables… los angeles deuda que tenemos contraída con él quienes escribimos en español es enorme”. —Mario Vargas Llosa

Considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX en cualquier idioma, l. a. obra de Jorge Luis Borges continúa inspirando a nuevas generaciones de lectores gracias al deslumbrante poder de sus imágenes y los angeles inmensa profundidad de sus temas.

Originalmente publicada en 1949, esta colección reúne dieciocho relatos entre los que se encuentra algunos de los más admirados cuentos de l. a. literatura: “El Aleph”, los angeles clásica historia de una resplandeciente esfera en los angeles que confluyen de un modo asombroso todos los tiempos y todos los espacios en el universo; “El Zahir”, una fascinante reflexión sobre l. a. obsesión, Borges narra los angeles historia de un objeto que inspira los angeles fascinación inmediata de todos aquellos que lo ven hasta consumir su atención y realidad completa; y “El Inmortal”, un inquietante viaje a través de los angeles Ciudad de los Inmortales, un laberíntico mundo en el que todo, incluso los edificios y las escaleras, aparece caóticamente abnormal o invertido.

Juntos, estos dieciocho relatos, cada uno singularmente unique y complejo a su manera,  representan una pieza clave en el museo de los angeles obra del maestro argentino, así como en los anales de los angeles literatura common.

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Period irrisorio imaginar que no los había consultado, pero lo tentó el ocioso placer de volver sus páginas. De esa estudiosa distracción lo distrajo una suerte de melodía. Miró por el balcón enrejado; abajo, en el estrecho patio de tierra, jugaban unos chicos semidesnudos. Uno, de pie en los hombros de otro, hacía notoriamente de almuédano; bien cerrados los ojos, salmodiaba “No hay otro dios que el Dios”. El que lo sostenía, inmóvil, hacía de alminar; otro, abyecto en el polvo y arrodillado, de congregación de los fieles.

Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos. Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a los angeles sombra de un aljibe o a los angeles vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y los angeles respiración poderosa.

Al repechar l. a. margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de l. a. mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé los angeles preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres. Esa noche, dormí hasta el amanecer. …He revisado, al cabo de un año, estas páginas. Me consta que se ajustan a los angeles verdad, pero en los primeros capítulos, y aun en ciertos párrafos de los otros, creo percibir algo falso. Ello es obra, tal vez, del abuso de rasgos circunstanciales, procedimiento que aprendí en los poetas y que todo lo contamina de falsedad, ya que esos rasgos pueden abundar en los hechos, pero no en su memoria… Creo, sin embargo, haber descubierto una razón más íntima.

Por eso no pronuncio l. a. fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en l. a. oscuridad. A Ema Risso Platero Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto …son comparables a l. a. araña, que edifica una casa. Alcorán, XXIX, forty —Ésta —dijo Dunraven con un vasto ademán que no rehusaba las nubladas estrellas y que abarcaba el negro páramo, el mar y un edificio majestuoso y decrépito que parecía una caballeriza venida a menos— es l. a. tierra de mis mayores. Unwin, su compañero, se sacó l. a. pipa de l. a. boca y emitió sonidos modestos y aprobatorios.

El hombre, arrasado por l. a. fiebre, había revivido en su delirio l. a. sangrienta jornada de Masoller; los angeles noticia me pareció previsible y hasta convencional, porque don Pedro, a los diecinueve o veinte años, había seguido las banderas de Aparicio Saravia. l. a. revolución de 1904 lo tomó en una estancia de Río Negro o de Paysandú, donde trabajaba de peón; Pedro Damián period entrerriano, de Gualeguay, pero fue adonde fueron los amigos, tan animoso y tan ignorante como ellos. Combatió en algún entrevero y en los angeles batalla última; repatriado en 1905, retomó con humilde tenacidad las tareas de campo.

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